Apasionado por la tierra y la siembra, Antonio Chávez Mejía con 69 años es padre de 11 hijos y, desde los 14 años, no sabe hacer otra cosa que trabajar.
Al cumplir la mayoría de edad, contrajo matrimonio con María, quien le ha venido acompañando desde entonces. —Las manos de don Antonio hablan. Cuentan sobre un pasado donde algodón, maíz y frijol ocupaban su tiempo, desde la salida del sol hasta el ocaso. Recuerdan la satisfacción con que comenzaba cada jornada de trabajo; la alegría con la que recibía cada cosecha—.
Tras haber pasado por una juventud que hoy describe como “arrecha y sana”, a los 68 años lo que toda su vida había sido un lunar le comenzó a aumentar de tamaño, le daba pequeñas punzadas y le picaba.

La molestia lo llevó a consultar a un médico privado, quien lo mantuvo con tratamiento de antibióticos y pomadas que aliviaban el malestar momentáneamente, pero que no paraban el crecimiento del “lunar”, así pasó más de ocho meses. Hasta que un 11 de junio apareció un equipo de médicos y enfermeras del Fosalud en Las Pilas, Chalatenango, y se corrió la voz en los cantones aledaños (Las Moras y Las Granadillas) de que andaban dando consulta y medicinas gratis.

Antonio recuerda, con mucho entusiasmo, cómo un vecino le llamó y motivó para que fuera a pasar consulta a la Jornada Médica.

 

Se animó, dejó sus armas de trabajo (piocha y azadón) y caminó por dos horas para  llegar a Las Pilas y poder pasar consulta, su experiencia anterior le hizo dudar de la atención que recibiría por el equipo médico.
Cuenta con asombro que al llegar y ver una gran multitud se desanimó un poco: “Cuando llegué y vi el gentillo que había, pensé que me iba a echar todo el día ahí, pero un señor que estaba dando los papelitos, me llevó directo a una carpa y me dijo ‘aquí espere ya lo van atender’. Toda la gente se me quedó viendo porque entré bien rapidito”.

Con una risa complaciente comenta que en cuestión de 10 minutos había pasado con un médico que le había dicho que esperara un momento más porque era necesario que le evaluara un dermatólogo. “En principio me afligí pero luego de que me explicaron que era para que me quitaran ‘el lunar’  me esperé”.

 

El dermatólogo le expuso a don Antonio que lo que él tenía no era un “lunar” sino un carcinoma de piel y que debía ser retirado, por lo que tuvo que ser referido por la Unidad Móvil que en esa ocasión visitaba Las Pilas, Chalatenango, hacia el Hospital Rosales, en San Salvador.

Dos días después, a primera hora, del lunes 13, emprendió viaje hacia San Salvador en busca del Hospital Rosales, al llegar y mostrar la referencia le indicaron hacia donde tenía que ir a programar su cita. El desánimo reapareció en su rostro nuevamente y esta vez fue porque le habían dado una cita para dentro de un mes: “me regrese a mi casa, cansado del viaje y un poco decepcionado porque tenía que esperar para que me evaluaran la pelota que se me había hecho ya”.

Don Antonio continuó con su rutina; en las tareas del campo que tanto disfruta y ayudando con las tareas de la casa a su esposa, mientras se llegaba el día de su cita médica. Luego de cuatro semanas de espera, el 11 de agosto, se levantó temprano y salió hacia la ciudad.

Comenta que cuando iba llegando al Hospital Rosales le entraron los nervios, se sorprendió al ver gran cantidad de gente esperando, -pensó que le dirían que volviera- se le acercó una enfermera y le reubicó en una silla según su turno. Mientras esperaba se puso a platicar con los demás pacientes, entre formalismos y curiosidades, una paisana chalateca le comentó que eso de sacar citas en cirugía no era fácil ni rápido, cuando no se traía referencia. Ella le dio fe de cómo a ella le había costado y le cuestionó que por qué a él se la habían dado tan rápido. En esos momentos, Antonio le narró a su paisana cómo las Unidades Móviles del FOSALUD le habían revisado, evaluado y referido al hospital en una jornada médica.

Continuaron entre pláticas, risas; de pronto una voz dijo: “Antonio Chávez pase para acá, por favor”. ¡Vaya! Se me llegó la hora, comentó mientras caminaba hacia el área de cirugía. Al verlo el médico le preguntó que por qué no había hecho nada por lo que tenía, a lo que él respondió con mucha paciencia y lujo de detalles que había seguido un tratamiento por más de ocho meses con un médico particular, pero que no se le había quitado sino que le iba creciendo cada vez más.

Expuso que de no ser por FOSALUD él no hubiese llegado hasta ahí. El cirujano hizo un seño de aprobación, le explicó que se iba a tardar unos 10 minutos en quitarle el carcinoma y que el proceso no era doloroso. Recuerda que mientras le preparaban él rezaba para que todo saliera bien, luego le dijeron “tranquilo, respire profundo”, y lo inyectaron, al rato sintió, según sus palabras “un gran zumo a cacho quemado” y en menos de lo que pensó le estaban explicando los cuidados que debía tener, la pomada que debía aplicar y la fecha de su nueva cita. “Todo fue bien rápido, yo creo que no se tardaron ni 10 minutos, solo que cuando salí de ahí ni adiós le dije a mi paisana, salí bien atontado y con unas grandes ganas de regresar a mi casa, yo creo que todo el trayecto me lo eche dormido.”

Con una sonrisa tímida reflexiona que, de no haber sido por las Unidades Móviles de FOSALUD, el carcinoma (cáncer de piel) se le hubiese complicado y hubiese muerto.

En su último diagnóstico dado a don Antonio en el Hospital Rosales de no haber sido referido en esos momentos su vida se hubiese acortado a uno o dos años máximo.
Con mucha satisfacción da gracias a Dios por las jornadas de salud que llegan hasta esos lugares de difícil acceso.

Las jornadas médicas realizadas por las Unidades Móviles son parte de una estrategia de atención a las poblaciones más vulnerables, a nivel nacional, y con ello garantizar el derecho a la salud gratuita. Así como contribuir de manera oportuna, eficaz y eficiente a salvaguardar la vida de los pobladores