Él criticaba su trabajo en la empresa y la casa, cómo criaba a sus dos hijos y cualquier cosa era motivo de discusión. Esta es la situación que por 20 años soportó Flor de María, ella tiene 38 años, cuando tenía 18 se casó con su novio, al único que había conocido.

Antes de recibir atención sicológica ella siempre se consideró como el ama de casa y siempre se sintió la mujer inútil e inservible que vivía bajo la protección de un hombre exitoso, profesional, empresario y buen proveedor. “El es mucho mayor que yo y es quien me formó prácticamente” asegura Flor de María.

Ella fue sometida al aislamiento social, tenía prohibido visitar a sus familiares y asistir la iglesia, tenía solo una amiga y el apoyo de sus hijos, quienes le insistían que denunciara pero tenía mucho miedo.

La situación era difícil, debido a su alcoholismo su esposo era cada día más conflictivo y agresivo, las amenazas le daban vueltas en la cabeza “si te vas de la casa te vas a morir de hambre, tu hijo se volverá un marero y tu hija una prostituta, ¿eso querés?” ¿Qué sería de ella? No tenía dinero ni trabajo, había trabajado en la empresa de su cónyuge sin recibir un tan solo centavo y le parecía impensable salir adelante sola.

Poco a poco fue asumiendo que lo mejor era mantenerse sumisa y callada y decir que “si” a todas sus demandas.  “No me perdonaba una equivocación, él es un alcohólico y tiene problemas de personalidad y si una mosca se le pasa enfrente él la agarra contra usted…” y cuando llegaba a la empresa o a casa todos le tenían miedo.

Varias veces terminó en el hospital, una vez quedó ingresada más de 15 días por la golpiza. Sus hijos, al ver esta situación, la animaron a denunciarlo y le ofrecieron su apoyo incondicional “vamos a salir adelante, los tres juntos”, le dijeron.

Las constantes agresiones en contra de Flor motivaron a que su hijo mayor se enfrentara con su padre por tratar de defenderla, el joven recibió fuertes amenazas que lo obligaron a huir del país dos años. Pero consciente de la situación que su madre y su hermana vivían, regresó decidido a ayudarlas a comenzar una nueva vida.

Un día, animada por el amor de sus hijos, acudió a la Unidad Integral de Víctimas de Violencia Intrafamiliar, Violencia Sexual y Maltrato Infantil en el Centro Judicial Isidro Menéndez, donde el FOSALUD tiene una clínica especializada, ahí le explicaron qué opciones tenía y qué era lo mejor que podía hacer, recibió asistencia legal, sicológica y médica.

La graduación de bachiller de su hija, un evento de alegría y regocijo, se convirtió en el escenario que ella necesitaba para iniciar un proceso judicial. Según cuenta Flor de María “Íbamos en el carro para el acto, los cuatro, él había comprado una cámara de más de mil dólares para tomarle fotos a su hija; por olvido, dejaron la batería de la cámara cargando, él se puso furioso y comenzó a insultar y amenazar con golpearlos, regresaron a casa, él desistió de ir al acto, la hija le suplicó que los acompañara, pero él no cedió… al intervenir el hijo lo amenazó con golpearlos a todos, el muchacho tomó el vehículo y se fueron a la graduación”.

 

Después de la graduación y de regreso a casa, el temor se apoderó de Flor y de sus hijos, entonces tuvieron la idea de llamar a la policía, fue así como ella en compañía de dos agentes de la PNC entraron a la casa y sacaron unas cuantas pertenencias y se fueron a la casa de la única amiga que le quedaba. Al principio fue duro, porque sabía que él los buscaría, pero por suerte su amiga la cambió de domicilio de un día para otro y su esposo no pudo localizarla. El proceso sigue su curso y ella ha puesto un pequeño negocio que le permite subsistir lejos de quien la agredió por tanto tiempo.

 

Con un rostro melancólico y con las lágrimas a flor de piel, Flor de María contó su historia y concluyó que “a veces se aguanta por lo económico, por la costumbre, por el qué dirán las otras gentes o por los hijos… lo bueno es que en la Unidad me ayudaron y eso quedó en el pasado”.

 

Flor exhorta a las mujeres que están siendo víctimas de violencia a que se acerquen a las Unidades de Atención Integral a Víctimas de Violencia Intrafamiliar, Violencia Sexual y Maltrato Infantil para denunciar las agresiones y proteger sus derechos e integridad.

 

FOSALUD cuenta con tres unidades similares funcionando en el Centro Judicial Isidro Menéndez, en el Centro Judicial de Ciudad Delgado y en el de Soyapango.

 

“Hoy soy feliz, me siento más alegre que nunca, no me lamento de nada, soy libre de caminar por el parque, agradezco a Dios que pusiera en mi camino tantas buenas personas que me ayudaron a salir adelante, a mis hijos, no hubiera dado este paso sin ellos.Hoy laboro alegre, con entusiasmo y pasión, hago de mi labor una diversión” concluyó Flor de María.